Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Juan 16, 5-11
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Adónde vas?”. Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito. En cambio, si me voy, os lo enviaré.
Y cuando venga, dejará convicto al mundo acerca de un pecado, de una justicia y de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el príncipe de este mundo está condenado».
Salmo 74
1 ¿Por qué, oh Dios, nos has desechado para siempre?
¿Por qué se ha encendido tu furor contra las ovejas de tu prado?
2 Acuérdate de tu congregación, la que adquiriste desde tiempos antiguos,
La que redimiste para hacerla la tribu de tu herencia;
Este monte de Sion, donde has habitado.
3 Dirige tus pasos a los asolamientos eternos,
A todo el mal que el enemigo ha hecho en el santuario.
4 Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas;
Han puesto sus divisas por señales.
5 Se parecen a los que levantan
El hacha en medio de tupido bosque.
6 Y ahora con hachas y martillos
Han quebrado todas sus entalladuras.
7 Han puesto a fuego tu santuario,
Han profanado el tabernáculo de tu nombre, echándolo a tierra.
8 Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez;
Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.
9 No vemos ya nuestras señales;
No hay más profeta,
Ni entre nosotros hay quien sepa hasta cuándo.
10 ¿Hasta cuándo, oh Dios, nos afrentará el angustiador?
¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?
11 ¿Por qué retraes tu mano?
¿Por qué escondes tu diestra en tu seno?
12 Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo;
El que obra salvación en medio de la tierra.
13 Dividiste el mar con tu poder;
Quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas.
14 Magullaste las cabezas del leviatán,
Y lo diste por comida a los moradores del desierto.
15 Abriste la fuente y el río;
Secaste ríos impetuosos.
16 Tuyo es el día, tuya también es la noche;
Tú estableciste la luna y el sol.
17 Tú fijaste todos los términos de la tierra;
El verano y el invierno tú los formaste.
18 Acuérdate de esto: que el enemigo ha afrentado al Señor,
Y pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.
19 No entregues a las fieras el alma de tu tórtola,
Y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.
20 Mira al pacto,
Porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia.
21 No vuelva avergonzado el abatido;
El afligido y el menesteroso alabarán tu nombre.
22 Levántate, oh Dios, aboga tu causa;
Acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.
23 No olvides las voces de tus enemigos;
El alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente
Ambos pasajes abordan la crisis de la cruz y el sufrimiento desde perspectivas complementarias:1. La aflicción y el lamentoSalmo 74: Es un lamento nacional que describe la desolación del templo y el triunfo temporal de los enemigos. El salmista clama angustiado: "¿Hasta cuándo, oh Dios, nos has desterrado para siempre?"San Juan 16: En el discurso de despedida, Jesús advierte a sus discípulos sobre el rechazo que sufrirán: "En el mundo tendréis aflicción". Les anuncia que llorarán y se lamentarán mientras el mundo se alegra.2. El refugio en la soberanía de Dios sobre el mundo Salmo 74: Justo en medio de la destrucción, el salmista recuerda la grandeza creadora de Dios para recuperar la esperanza: "Tuyo es el día, tuya también es la noche; tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra...".San Juan 16: Jesús consuela a los suyos recordándoles que Él tiene el control absoluto. En los momentos más oscuros, como en la cruz, el Padre estará con Él.3. La victoria final Salmo 74: Culmina pidiéndole a Dios que no olvide la causa de su pueblo y que se levante para defender su propio honor frente a los adversarios.San Juan 16: Es la respuesta definitiva al clamor del Salmo. Jesús culmina el capítulo con una promesa de victoria y paz: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo".En síntesis: El Salmo 74 representa el clamor humano frente a la oscuridad y el aparente abandono, mientras que San Juan 16 provee la respuesta mesiánica, asegurando que la tristeza temporal se transformará en victoria y paz por medio de Cristo.
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